Una enfermedad llamada recuperación

2017, el año que acabamos de dejar, presentó cifras crecientes en cuanto a enfermedades profesionales. Un informe de UGT calculó una media nacional de una por cada 1.145 asalariados afiliados a la Seguridad Social y un incremento del 0,93% en los 7 primeros meses, respecto al mismo periodo del año anterior. Pero más alarmante: hasta un 29,8% en comparación con los datos registrados en julio de 2012, año de entrada en vigor de la reforma laboral.

Por su parte, las bajas por enfermedad subieron un 2,72% interanual. Del total de enfermedades profesionales declaradas, 6.453 causaron la baja del trabajador o trabajadora. El 83% del total de enfermedades profesionales fueron causadas por agentes físicos, seguidas a mucha distancia por las enfermedades de la piel (4,97%) y las de agentes biológicos (4,54%). Como detalle, los índices de incidencia son 44,6 enfermedades profesionales por cada 100.000 trabajadoras, mientras que para los hombres es algo menor (40,2).

Las actividades económicas que han registrado más enfermedades fueron las de comercio al por menor, industria de la alimentación y servicios de edificios y actividades de jardinería. Por ocupaciones, el mayor número se concentra en los grupos de otro personal de limpieza operadores de instalaciones y maquinarias fijas y peones de industrias manufactureras.

El absentismo y la “recuperación económica”

Según datos de un estudio de Adecco explicados en El País, 2016 también representó un incremento en las bajas por enfermedad. “Del 4,7% en 2015 al 4,88% en 2016. Si tenemos en cuenta esta tendencia, en los próximos años veremos datos por encima del 5,5%” apuntaban. Aunque se tienda a asociar el absentismo con el crecimiento de la economía (como estimando que más trabajadores cometen fraude cuando las cosas bien), al comparar datos de antes y después de la crisis; la proporción entre la subida del paro y el descenso del absentismo no es equilibrada (el paro en diciembre de 2007 era del 8,3% con un absentismo del 4,9% y en diciembre de 2016 el índice de paro era del 18,63% con un absentismo del 4,88%).

Puede que debamos buscar, entonces, nuevas causas para este crecimiento de las bajas año tras año. Pues otras consecuencias de la precariedad post crisis son el aumento de los contratos temporales, el envejecimiento de la población activa por falta de nuevas contrataciones (directamente relacionado con una tasa de paro juvenil de casi un 40%) o incluso la falta de recursos en el sistema de salud pública debido a los últimos recortes. Pues tratar enfermedades crónicas o de larga duración presenta cada vez más dificultades. No es un panorama idóneo para lo que ahora llamamos engagement o el compromiso con la empresa de toda la vida.

La temporalidad constante nos hace sentir como números de una plantilla. Si el trabajador no siente fidelidad o cuidados por parte de la empresa, ¿por qué debería aportarlos él? Por su parte, si la población activa ha envejecido, ¿no es comprensible que el aumento de enfermedades aumente con la edad? ¿Y por qué los hay que siguen señalando el aumento del absentismo o el de los contratos firmados como un símbolo de recuperación económica? Los datos, las cifras pueden ser muy exactos. Aun así, sigue siendo necesario leer entre líneas.

 

 

Por | 2018-01-12T08:41:30+00:00 15 de enero de 2018 |Blog|Sin comentarios

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