Socorristas: la PRL de los que nos cuidan durante las vacaciones

En redacción ya olemos a vacaciones y, por supuesto, no podemos evitar pensar en nuestra próxima visita a la playa o la piscina. Y, por deformación de oficio, tampoco hemos podido dejar de considerar los riesgos que éstas pueden albergar. Para nuestra tranquilidad, tenemos a los socorristas. Pero, ¿a quién tienen ellos? A la normativa en PRL, por supuesto.

Hoy vamos a repasar a qué se enfrentan los socorristas en su puesto de trabajo. Esos valientes que, no sólo deben estar al sol mientras los demás disfrutamos de la piscina o playa, sino que deben ser capaces de protegernos a nosotros pero también a sí mismos.

Empezaremos por la formación que necesitan para poder ejercer este trabajo: se requieren los títulos de Salvamento Acuático y de Primeros Auxilios.

El Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la Universidad de Valladolid detalla cuidadosamente los riesgos más comunes de trabajar como socorrista. Estos los podemos clasificar en:

Físicos

Caídas al mismo nivel o a distinto nivel al subir a la silla de vigilancia o incluso al acceder a la depuradora, en la piscina. La exposición al sol durante horas también provoca riesgo de quemaduras, deshidrataciones, desmayos… y, por último, la posibilidad de cortarse con alguna herramienta del mobiliario o del entorno.

Para prevenirlos, se deberá calzar adecuadamente para evitar resbalones y permitir al pie respirar a la vez que permanece seco. Usar sombrilla, camiseta, gorros, crema solar y gafas de sol con la protección adecuada será vital. Tanto como beber agua frecuentemente.

La torre de vigilancia requiere subir y bajar de ella sujetándose con las dos manos, frente a ella y nunca saltar desde arriba para ganar tiempo. Si se manipulan objetos cortantes, se tendrá que emplear el EPI específico para el artículo en concreto.

Biológicos

Puede ser por contacto con algún bio-organismo presente en el mar, contagio por atención al accidentado o bien contraer hongos en la piscina.

Habrá que adoptar un protocolo de protección adecuado a la amenaza biológica en sí. Por ejemplo, la picadura de una medusa. Cuando se atienda al accidentado se evitará el contacto directo con fluidos como sangre o saliva, a menos que sea necesario. Si así es, después se acudirá a la Unidad de Salud del Servicio de Prevención. Las vacunas preventivas también son importantes. Para no contraer hongos, es preciso secarse escrupulosamente al salir del agua y emplear el calzado adecuado.

Químicos

Sobre todo en las piscinas, los socorristas acostumbran a estar en contacto con diversos agentes químicos. El cloro, antialgas con sulfato de cobre, corrector de PH con ácido clorhídrico. Estos productos deberán estar correctamente etiquetados y llevar ficha técnica de seguridad e instrucciones de su manipulación. El trabajador necesitará los EPI específicos para cada agente y la formación adecuada para tratar con ellos.

Psicosociales

La atención ininterrumpida que debe prestar el socorrista a los usuarios, provoca un desgaste mental y psicológico importante. Mucho más en la playa, ya que allí no hay un aforo limitado y puede no haber bastantes socorristas para vigilar todas las zonas, con lo que se intensificaría la sobrecarga mental. Para minimizar el estrés que provoca, se recomiendan las formaciones por el Servicio de Prevención, que deberían darse en los cursos obligatorios.

Por | 2017-07-21T07:46:36+00:00 21 de julio de 2017 |Blog, Riesgos NBQ, Riesgos psicosociales, Salud ambiental|Sin comentarios

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