Época de cambios. ¿Podremos afrontarlos?

Sí, a muchos nos ha pasado. Volvemos de vacaciones con nueva energía y en el trabajo se ha decidido que este es el mejor momento para empezar a implementar cambios organizacionales, de procesos o incluso de reparto de tareas. Indudablemente, este “volver a empezar” del septiembre lo hace una época perfecta para probar cosas nuevas. Tanto a nivel laboral como personal, claro.

Pero ya sabemos que, lo que para unos es fuente de alegría, otros pueden verlo como una amenaza al confort actual. Obviamente, no todos los cambios tienen por qué ser hacia mejor. Aunque sí que nos será útil aprender a afrontarlos. Pues tanto el territorio laboral como la vida misma nos van a regalar muchos cambios a los que tarde o temprano tendremos que plantar cara.

Laura Castro nos cuenta en el blog de Quirón Prevención que el cambio se puede entender de tres maneras diferentes: como un problema, un reto o un aprendizaje, siendo la primera más negativa que las otras, que indican más predisposición.

No nos engañemos: habrá situaciones en las que no nos quede realmente otra que cambiar metodologías a las que estábamos acostumbrados desde hace años. Y es relativamente comprensible; la tecnología avanza proponiendo nuevas soluciones para agilizar el trabajo. Por eso en el entorno laboral se valora tanto la capacidad de adaptarse a los cambios por parte de los trabajadores. No a ciegas, claro. Es imprescindible una capacidad crítica para sopesar objetivamente qué cambio es necesario y qué no.

En el artículo de Laura se define la adaptación al cambio como “la capacidad de modificar nuestra actitud para alcanzar los objetivos establecidos en situaciones en las que surjan dificultades o se sufran trasformaciones”. Las personas con versatilidad o capacidad para hacer distintas funciones lo tendrán más fácil pero, repetimos, la actitud es la base. Se les llama “empleados adaptables” y reúnen una serie de características en común:

  • Están dispuestos a adquirir nuevos conocimientos, a probar y a equivocarse como método de aprendizaje.
  • Están seguros de sí mismos y se plantean los cambios como retos para mejorar sus habilidades.
  • Pueden ofrecer soluciones creativas a distintos tipos de problema, sobreponiéndose a las dificultades.
  • Saben mantener la calma y la actitud positiva ante cualquier circunstancia.
  • Tienen visión de futuro y planifican cómo pueden alcanzar los objetivos que se propongan.

No decimos que sea fácil adaptarse a los cambios. Ni que tengamos que confiar a ciegas en todos los que nos propongan. Aun así, y aunque algunas veces no lo consigamos, la predisposición a cambiar hacia un modelo que nos sea más beneficioso para nuestro trabajo acostumbra a verse con buenos ojos.

¿Y vosotros? ¿Tenéis buena predisposición a asumir cambios?

 

 

Por | 2017-09-06T07:10:03+00:00 6 de septiembre de 2017 |Blog, Salud ambiental, Tendencias|Sin comentarios

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