canareras_Ernest_CañadaErnest Cañada es investigador y comunicador social. Trabaja como coordinador en ALBA SUD, asociación que apuesta por un cambio social en materias de desarrollo y divulgación. Para ello realiza estudios, producciones audiovisuales y toda clase de material didáctico enfocado a mejorar los niveles de equidad y de bienestar social. Se focalizan en 3 puntos: el turismo responsable, el trabajo justo y los bienes comunes de la tierra. Recientemente, Ernest ha publicado el libro “Las que limpian los hoteles” (Icaria Editorial, 2015) donde recoge el testimonio de las camareras de piso, su precariedad laboral, invisibilización y consecuencias de sus duros turnos de trabajo. Su visión y conocimientos sobre el sector turístico son clave para entender hacia qué modelo de negocio se está avanzando y cómo afecta a sus trabajadores.

¿Qué te impulsó a escribir este libro? ¿Has vivido de cerca alguna de estas situaciones?

No tengo una relación directa con el trabajo en los hoteles. Pero vengo de una familia de clase trabajadora y me preocupa lo que le pasa a nuestra gente. Empecé a intervenir en este tema para apoyar la campaña sindical internacional que inició la UITA, y en particular su Regional Latinoamericana, el año 2014. Inicialmente mi idea era solo publicar algunas entrevistas y reportajes que ayudaran a dar visibilidad a los problemas que estaban sufriendo las trabajadoras en este colectivo. Pero luego, viendo la potencia y la carga de verdad que tenían sus testimonios, me di cuenta que había que hacer algo más con todo este material. Había que reivindicar de algún modo sus historias, que salieran de la invisibilidad, denunciar lo que estaba ocurriendo, y a la vez que sirviera como un instrumento que les ayudara a defender sus derechos.

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¿Te ha sido fácil conseguir los testimonios de las trabajadoras?

Cuando empecé en 2014 prácticamente nadie había escrito o se había fijado en este colectivo en España, a excepción de lo que habían publicado los sindicatos. Y no era tan fácil encontrar a trabajadoras que quisieran contarme sus experiencias. Comencé a contactar con camareras de piso a través de las organizaciones sindicales, CCOO y UGT. Así publiqué una serie de entrevistas a varias de ellas y luego un artículo en El País. Ese artículo empezó a difundirse ampliamente en Internet a través de las redes sociales. Me di cuenta que eran las propias camareras de pisos las que lo estaban compartiendo porque se sentían reconocidas en las declaraciones de esas trabajadoras. También descubrí varios grupos de Facebook en las que trabajadoras de hoteles de distintos lugares compartían sus experiencias, como “Camareras de piso de España”, “Camareras de piso del Mundo” o “Gobernantas”. Y así entré en contacto con otras muchas trabajadoras que no necesariamente estaban sindicadas. Y por supuesto seguí tirando del hilo con las delegadas sindicales en los principales destinos turísticos.

¿Se sabe cuál puede ser la proporción de trabajo en negro en este ámbito? ¿Las condiciones entre ‘legales’ e ‘ilegales’ son muy diferentes?

Tenemos un primer problema con referencia a los datos disponibles. Es muy difícil estudiar este colectivo, y en realidad eso pasa con todo el trabajo en el ámbito turístico, porque no es fácil acceder a datos que son clave para hacernos una radiografía más clara de lo que está ocurriendo. Entonces tenemos que recurrir a fuentes de carácter más cualitativo para cruzarlos con la información cuantitativa a la que podemos recurrir.

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Concentración de camareras de piso ante el Ayuntamiento de Lloret

Dicho esto, el problema fundamental no está en que haya una gran bolsa de trabajo contratada de forma ilegal, más allá de determinadas situaciones, sino que la precarización se está produciendo dentro de los márgenes de la legalidad o con situaciones de abuso y fraude manifiesto con respecto a trabajadoras que sí están contratadas. Por ejemplo, estamos hablando de trabajadoras contratadas a tiempo parcial que acaban regalando a la empresa sistemáticamente cada día horas no pagadas porque no han terminado el número de habitaciones establecido (a todas luces imposibles de cumplir), o trabajadoras que no hacen los días de descanso semanales que les corresponden en temporada alta, o trabajadoras subcontratadas por empresas multiservicios cobrando una miseria y trabajando prácticamente a destajo.

¿Qué hay de denunciable a nivel legal en estas situaciones? ¿Qué opciones o recursos tiene la persona que esté padeciendo esta situación?

Muchísimas cosas son denunciables, desde las horas extras exigidas no cobradas hasta los mismos convenios de empresa que muchas subcontratas están utilizando y de los que ya se han impugnado más de una cuarentena a través de las denuncias que interpusieron los sindicatos. Las trabajadoras tienen que acudir a las organizaciones sindicales y asesorarse. También tienen espacios para organizarse en asociaciones de camareras de piso, como CAPISE en Sevilla, que las pueden asesorar y denunciar su caso. Y deben acudir a la inspección de trabajo. Esto es clave, necesitamos con urgencia que se refuerce el rol de la inspección de trabajo.

¿Cómo han afectado las últimas reformas laborales a este sector?

Muchísimo, sobre todo la de 2012 con el gobierno del Partido Popular y apoyada también por Convergencia y Unió. Básicamente ha hecho que los convenios colectivos sectoriales perdieran preeminencia frente a los convenios de empresa. Esto ha dado pie a una fuerte expansión de las externacionalizaciones de algunos departamentos en los hoteles, y el de pisos ha sido el más afectado, a través de empresas de multiservicios con su propio convenio, siempre por debajo del convenio de hostelería, o que se acogen al de limpieza, también con peores condiciones para las trabajadoras. Esto ha significado que el trabajo de las camareras de piso se precarizara aún mucho más, con condiciones de cada vez mayor inseguridad contractual, menor capacidad de negociación con la empresa, sobrecarga de trabajo y un incremento de la dificultad para establecer un vínculo de las trabajadoras con su centro de trabajo y su mismo oficio. Cualquier política que pretenda mejorar en lo esencial las condiciones laborales de las camareras de piso en España pasa por un derogación de las dos últimas reformas laborales.

¿Cómo es la jornada laboral habitual de un/a camarero/a de piso? Entendemos que trabajan por turnos, pero ¿a cuántos descansos tienen derecho? ¿Es un número razonable?

Habitualmente entran entre las 7 y las 8 de la mañana. Empiezan haciendo la limpieza en áreas comunes de los hoteles, y a medida que los huéspedes dejan el hotel o salen un rato van haciendo habitaciones, 18, 20, 22, 26,… y más. Una de las cosas que está ocurriendo cada vez más es que las trabajadoras no usan su tiempo de descanso para desayunar o almorzar, sino  para poder avanzar trabajo.  Porque, aunque tienen una jornada con horas determinadas (ocho, seis, las que sean) el problema es que en ese tiempo tienen que terminar un determinado número de habitaciones, y si no acaban no es que vengan las del siguiente turno a terminarlo, son ellas las que tienen que quedarse hasta finalizar. Esto no es justo porque las habitaciones las pueden encontrar de muchos modos y no todas comportan la misma carga de trabajo. La consecuencia es que todo el día van corriendo. Son muy pocos hoteles,  sobre todo en los que hay una representación sindical fuerte, en los que se respetan los horarios y descansos a los que tienen derecho.

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¿Suelen recibir material y formación en protección laboral? ¿Tienen apoyo de algún responsable en PRL?

Formalmente sí, pero en la realidad la formación en prevención de riesgos laborales en muchos casos es muy limitada y sobre toda choca frontalmente con la forma en la que está organizado el trabajo y su intensidad. En una ocasión los médicos de empresa de una gran cadena hotelera quisieron hablar conmigo sobre este asunto y lo que me vinieron a decir era que si bien era cierto que había una relación de causa-efecto entre el trabajo y determinadas dolencias esto era responsabilidad de las propias trabajadoras porque no hacían caso de las recomendaciones que les daban en los cursos de formación. El problema es que con la carga de trabajo que tienen, al ritmo que tienen que ir y en las condiciones en las que tienen que desempeñar la jornada laboral no hay formación que valga. Es imposible. Más allá de la formación o de medidas de carácter ergonómico lo que hay es un problema de organización del trabajo. Por eso es tan importante el papel de los comités de salud en la revisión y regulación de las cargas de trabajo y las formas en las que tienen que trabajar.

Hemos leído muchos casos de personas que se tienen que medicar ¿Cuáles son los principales riesgos a nivel físico de estas trabajadoras?

La degradación e inseguridad contractual, la sobrecarga de trabajo, los ritmos trepidantes, la repetición de movimientos, el maltrato a la que están sometidas, horarios de trabajo que no se cumplen, o la misma degradación en la que se encuentran muchos hoteles tanto en sus instalaciones como con el equipamiento de que disponen las camareras de piso hace que trabajar en estas condiciones tenga un impacto grave en su salud, tanto física como psíquica. Las dolencias en el túnel carpiano, lumbares, dorsales, hernias discales, o problemas en la rodilla derecha son comunes entre las trabajadoras que llevan cierto tiempo trabajando en este oficio. También el dolor y el cansancio permanente. Esto hace que muchas acaben con intervenciones quirúrgicas y teniéndose que medicar con regularidad. De hecho, en la gran mayoría de hoteles, el consumo de pastillas de todo tipo para el dolor está a la orden del día. Y también estimulantes como Redbull y otros. Toda esta forma de estar trabajar afecta a su salud física, básicamente por problemas de estrés y de insomnio que se tratan a base de pastillas.

¿Se podría decir que el malestar psíquico pesa casi tanto como el físico en estos casos? ¿O quizás más?

De las dos cosas hay, y además se retroalimentan. Hay además un factor muy importante que genera aún más malestar y que dificulta que las trabajadoras se organicen y cambien esta situación laboral en la que se están dejando la salud, y es el enorme miedo que existe. Sobre todo miedo por el desempleo masivo, a no ser renovadas, a perder el trabajo, a que no las vuelvan a llamar, y por tanto a organizarse sindicalmente y reivindicar sus derechos. Y esto provoca una situación de malestar profundo que está en las causas de las causas que explican el deterioro en su salud de una forma global.

A nivel de conciliación laboral, ¿Pueden disfrutar de una vida familiar y social sana fuera del trabajo?
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Presentación de “Las que limpian los hoteles” en Sevilla.

No, y esto es un problema grave. Antes el trabajo de la camarera de piso, que siempre ha sido duro, tenía la ventaja de unos horarios muy definidos, entraban a primera hora de la mañana y salían a primera hora de la tarde. Y esto les permitía ir a buscar a los niños a la escuela y ocuparse de otras tareas. Por eso muchas camareras de piso han empezado en este trabajo cuando tuvieron el primer hijo. Lo que está ocurriendo ahora, con la precarización del trabajo que viene produciéndose desde la crisis –sumado al impacto de las reformas laborales y la extensión del trabajo a tiempo parcial y las externacionalizaciones– es que la seguridad que existía con los horarios desaparece y muchas veces no saben a qué hora van a poder terminar. Y esto les hace la vida mucho más complicada. Además salen de trabajar mucho más cansadas y exhaustas. En conjunto cada vez se está volviendo más complicada la conciliación.

El 27 de mayo conocíamos la noticia de que más de 7.000 mujeres en Andalucía limpian habitaciones de hotel a menos de dos euros cada una. ¿Tienes constancia de si la situación en todas las CCAA con fuerte sector turístico es similar o hay diferencias entre ellas?

El gran problema lo tenemos con las externacionalizaciones. Ahí donde las organizaciones sindicales han logrado paralizar, aunque sea parcialmente, su expansión, como Baleares, Canarias o Málaga, las condiciones son algo mejores. Pero en general el impacto de las externacionalizaciones es generalizado y estamos cayendo en una pendiente en cuanto a condiciones laborales, y acaban haciendo un trabajo a destajo para una de las tareas centrales en los hoteles, como es la limpieza y atención en el departamento de pisos. Y sin un buen servicio en las habitaciones la insatisfacción del cliente está asegurada. El problema no solo está en la vulneración de derechos fundamentales, si no también en la pérdida de calidad de servicio que conlleva este modelo.

¿Hacia qué modelo de turismo estamos avanzando?

Corremos un riesgo evidente. La precarización del trabajo en el turismo que se ha agudizado desde los inicios de la crisis nos amenaza gravemente en dos cuestiones: primero, con la pérdida generalizada de derechos fundamentales de las trabajadoras y trabajadores del sector. Y lo que está ocurriendo en los departamentos de pisos, si no lo paramos, es lo que se nos viene encima para el conjunto del personal de los hoteles. Pero también, y esta es la segunda cuestión, con una pérdida creciente de la calidad en el servicio brindado al cliente. No es posible dar un servicio de calidad con estas condiciones de trabajo, y esto acaba provocando una desprofesionalización del sector. Los empresarios del sector están haciendo una lectura demasiado a corto plazo. Cuando los países del norte de África se estabilicen y superen los conflictos armados en los que están involucrados, lo que nos va a quedar en España será un sector con poca capacidad para competir, porque siempre habrá quien puede ajustar más los costes laborales, desprofesionalizado y con baja calidad en el servicio, y destrozado por la masificación turística que se está produciendo en muchas ciudades y destinos turísticos.

¿Cómo ha sido recibido tu libro? ¿Has recibido quejas del sector hotelero o, por el contrario, ofertas interesantes para compartir conocimientos o idear planes de sostenibilidad y mejora del bienestar laboral, por ejemplo?

El libro ha funcionado muy bien. Llevamos meses haciendo presentaciones por toda España que se convierten en asambleas de trabajadoras. Y creo que funciona porque humaniza y pone rostro a quienes llevan años sufriendo en la invisibilidad un problema muy grande. Además la indignación con lo que está pasando  a nivel laboral en los hoteles aumenta porque es evidente que cada vez hay más turismo y más pernoctaciones, y esto se está logrando sobre la base de un trabajo cada vez más precario. Tanto el libro como todo el ciclo de presentaciones, y la atención que han puesto los medios de comunicación, ha ayudado a dar visibilidad a un problema colectivo muy amplio, y creo también que ha dado mucho ánimo a las trabajadoras para lo que es más importante: que el protagonismo de su lucha debe ser de ellas mismas.

En algunas empresas ya se empiezan a notar cambios cuando se plantea la discusión sobre la carga de trabajo en algunos comités de salud. Pero se necesitan cambios urgentes que reviertan la situación de precariedad existente, si no las consecuencias serán más sufrimiento, pérdida de calidad en el servicio e, inevitablemente, el estallido de cada vez más conflictos laborales.

¿Y las administraciones públicas?

Aquí hemos encontrado más de complicidad, con claras declaraciones a favor de la mejora de las condiciones laborales de las camareras de piso en distintos ayuntamientos, o consejerías de trabajo como la de Baleares que realmente han apostado por fortalecer la inspección laboral. En algunos casos, como Euskadi y Baleares, vemos cómo están incorporando criterios relativos a las condiciones laborales en los sistemas de clasificación por categorías en los hoteles. Son pasos, que con coherencia con el nivel competencial que cada administración tienen, en determinados lugares se han podido establecer alianzas. Pero el asunto central está en los cambios que deben darse en materia de legislación laboral, con especial incidencia en la reforma laboral. Antes de las pasadas elecciones de forma conjunto CCOO, UGT y varias asociaciones profesionales presentaron en el Congreso de los Diputados un documento de propuestas para la mejora de la calidad laboral en la hostelería. Esto es clave.