Desde el 26 de marzo, Joan Llivina ocupa la presidencia de la Asociación de Empresas de Equipos de Protección Laboral (Asepal) en sustitución de Carmelo Cabrera.
Nombrado por un mandato bienal, Joan Llivina tiene 47 años y desempeña desde 1986 la Dirección General de Tejidos Estambril, S.A., de Sabadell (Barcelona), empresa familiar que se extiende ya a la tercera generación.
Al frente de Asepal, Llivina se plantea escuchar a los socios, conocer sus preocupaciones y, en función del análisis compartido con la Junta Directiva, diseñar una estrategia de futuro de la Asociación acorde al contexto actual y a los retos que afrontan sus empresas afiliadas.
Manuel Domene*
Joan Llivina se muestra categórico al afirmar que “Asepal ha agotado el papel que le dieron sus fundadores, ya que las necesidades actuales son diferentes y uno de nuestros retos es prepararnos adecuadamente para saber competir en un mercado más globalizado”. Como el coche que ha completado un largo kilometraje, a Asepal le corresponde ahora pasar una revisión completa. Ése es el símil que define y condensa el pensamiento actual del nuevo presidente de Asepal, un catalán comedido, pero realista y práctico.
Como empresario, Llivina también se rige por criterios realistas y de diferenciación. Así, subraya que “siempre nos ha motivado un textil diferente, por eso nos hemos dedicado al textil técnico desde el año 1975, actividad que se hizo exclusiva desde principios de la década de los 80.
-Aunque todo el sector de la protección laboral conoce a Asepal, ¿puede decirnos qué es estatutariamente la Asociación?
-Joan Llivina. Asepal es una asociación de empresas españolas de equipos de protección individual. Se creó en 1989 con el objetivo de agrupar y representar a las empresas dedicadas al diseño, fabricación y comercialización de equipos de protección individual. Evidentemente, tal como se recoge en los estatutos, Asepal agrupa a fabricantes y distribuidores. El número de fabricantes se mantiene estable, mientras que va creciendo el de distribuidores.
-¿Cuál es el cometido de Asepal y de su presidente?
-J. Ll. El cometido de Asepal es impartir una formación-información para la prevención de la siniestralidad laboral. Nuestro mensaje de la prevención lo dirigimos a los trabajadores, los departamentos de seguridad de las empresas y las administraciones públicas.
Asepal lleva más de quince años en su labor, que viene avalada por la seriedad y la fiabilidad. Al mismo tiempo, rubricamos la seriedad y fiabilidad de nuestros asociados en el sentido de que están empleando las prácticas óptimas tanto en la fabricación como en la distribución de los EPI.
La función del presidente de Asepal es la de representar a todos los socios y ayudar a conciliar las posibles diferencias de opinión que puedan darse entre los dos colectivos que integran la Asociación.
Yo interpreto mi papel al frente de Asepal como la búsqueda de una nueva visión. Hace quince años, la orientación coyuntural fue la de la certificación de los productos de protección. Pero después de quince años la realidad ha cambiado. Hemos evolucionado, el mercado ha crecido, hemos hecho mucho... No obstante, las necesidades de Asepal tienen que revisarse. Poniendo un símil, yo diría que hemos de revisar el motor, tenemos que desmontarlo, limpiarlo, ponerlo a punto y volver a montarlo. Una vez completada la revisión, tendremos que volver a involucrarnos en el tráfico, lo que supone, en la realidad, hacer frente a fenómenos como la globalización, deslocalización, etc., circunstancias del mercado de las que no podemos sustraernos. Así, mi trabajo es buscar una nueva orientación para Asepal de acuerdo al contexto actual y, en los dos años que dura mi mandato, diseñar una estrategia de futuro.
-Después de más de quince años de su creación, ¿sigue vigente el papel que asignaron a Asepal sus fundadores?
-J. Ll. No, porque, como he dicho, las necesidades han cambiado con el tiempo. En 1989, el panorama era distinto, existían diferentes maneras de hacer la certificación de los EPI, no teníamos la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, no sabíamos cómo funcionarían los organismos certificadores... Por otra parte, imperaba la incertidumbre, entraban en vigor nuevas normas que no sabíamos cómo se aplicarían, el mercado CE era un desafío muy reciente... Hoy día ya hemos asumido todo lo anterior. Por eso decía antes que las empresas que pertenecen a Asepal son serias y fiables, porque ya han superado aquella fase previa, o fase de certificación, y estamos en el mercado europeo.
Uno de los retos que afrontamos en este momento es prepararnos adecuadamente para saber competir en un mercado más globalizado.
-De los objetivos de futuro que hemos comentado, ¿qué prioridades se ha fijado como presidente de Asepal: formación, promoción, internacionalización?
-J. Ll. Le quiero responder a la pregunta, pero quizás aún no estoy en condiciones de hacerlo. La razón es sencilla: lo primero que tengo que hacer es entender qué es lo que necesitan los socios de Asepal (fabricantes y distribuidores). En el mes y medio que llevo como presidente de la Asociación aún no tengo este conocimiento. Tengo ‘flashes’, sé que hay diferentes opiniones y estoy recabando información. De lo que no me cabe duda es que hemos de cambiar, pero no sé en qué sentido o cómo hemos de hacerlo. En septiembre u octubre ya tendré información suficiente. Antes quisiera hablar con los setenta socios que tiene Asepal para no hacer valoraciones alejadas de la realidad.
-A pesar de que aún carece de una información suficiente, ¿podría avanzarnos su pronóstico del estado actual de las relaciones industria-distribución dentro del sector de los EPI?
-J. Ll. Yo creo que son buenas, pero se pueden optimizar. Aún hay mucho espacio por recorrer y soy optimista respecto de lo que podemos conseguir en este capítulo.
-¿Puede entenderse que en el mercado se contraponen los intereses de los fabricantes y los de los distribuidores?
-J. Ll. Sí, y de aquí se deriva, en parte, la problemática de Asepal. Esa problemática se resume en que cada vez quedan menos fabricantes y, paralelamente, crece el número de distribuidores-importadores. La convivencia en una misma asociación comporta fricciones. Por eso, como vengo diciendo, mi compromiso como actual presidente de Asepal es saber hacia dónde hemos de ir. No descarto nada a priori, incluso la revisión o modificación estatutaria.
-¿No es, hasta cierto punto, atípica una Asociación que intenta agrupar a fabricantes y distribuidores con el objetivo de conciliar intereses, que no siempre son coincidentes, como pudieron serlo en la fase anterior de afianzamiento de la certificació
-J. Ll. Puede que sí. La Asociación nació, con los rasgos que aún conserva, para responder a una coyuntura concreta. Por eso se impone, como dije, revisar y redefinir el rumbo. En este momento, tengo poca base para concretar cuál será el futuro más inmediato de la Asociación.
-Disculpe la insistencia, pero ¿qué puede hacer Asepal para conciliar los intereses de ambos colectivos?
-J. Ll. Haremos lo que esté a nuestro alcance. Aún así, insisto en que primero tengo que entender el problema y, a partir del dictamen de lo que pasa y por qué pasa, la Junta Directiva emprenderá las acciones oportunas. Hoy día, aún está por definir el problema. Hemos de seguir un orden lógico antes de poner a punto las estrategias.
-Se agudiza la competencia asiática y de los países en vías de desarrollo, se vislumbran indicios de recesión en las economías occidentales y, para colmo de males, el precio de la energía puede alcanzar cotas inéditas, como vemos estos días... La econ
-J. Ll. Yo diría que los asociados ven unos “aceleradores” en Europa del consumo de EPI. Y esto es posible por la mayor consciencia entre las empresas y los trabajadores de que se tienen que emplear los EPI. Estos “aceleradores” son beneficiosos para fabricantes y para distribuidores. El mercado está creciendo. También hemos de ser conscientes de que existen otros elementos “desaceleradores” del mercado, como puede ser la sofisticación del sistema productivo: cada vez hay más máquinas y menos personas. Los fenómenos de deslocalización también son “desaceleradores” del mercado. En definitiva, el mercado de los EPI tiene sus luces y sus sombras que, obviamente, repercuten sobre las empresas que realizan su actividad en el mismo y, como es lógico, repercuten también sobre la Asociación que las representa.
La economía, sin duda, es una de las preocupaciones colectivas de empresas y particulares. De todos modos, debemos afrontar los problemas como la moneda de dos caras que son: casi siempre el problema encierra una oportunidad. Sólo hay que saber darle la vuelta.
-Una asignatura tradicionalmente mal resuelta en la historia industrial española ha sido el marketing, la comercialización, la internacionalización. ¿Piensa usted que en este aspecto -y especialmente los fabricantes- están saltando el listón?
-J.
-J. Ll. No puedo extrapolar mi experiencia empresarial al conjunto de asociados de Asepal. Por lo que se refiere al colectivo de Asepal, creo que se ha hecho un buen trabajo y, ello no obstante, no podemos darnos por satisfechos todavía. Hay mucho camino por recorrer, existen oportunidades en el exterior y creo que es un error que una empresa se limite al mercado nacional.
El reto que nos plantea la dinámica del mercado, con una concurrencia creciente e imparable, es que nuestras empresas han de ser más competitivas. Manteniendo la calidad que distingue a nuestros productos, se impone un cambio en la manera de pensar.
Lo que voy a decir ahora lo hago a título privado y no como presidente de Asepal. En mi opinión, estamos demasiado orientados a la fabricación del producto. Quizás tendríamos que ampliar nuestro horizonte para ver el mercado como un espacio donde ofrecer soluciones y servicios. Este es un criterio más ambicioso que la simple orientación al producto.
-Entonces, ¿deberíamos dar el producto a fabricar, por ejemplo, en terceros países?
-J. Ll. El diseño, evidentemente, lo hemos de conservar nosotros, pero -y dicho sea a título particular- la deslocalización de la producción es una opción posible que puede reportar ventajas, siempre y cuando se gestione bien.
-¿Qué calidad tiene la oferta actual de EPI en España? ¿Cree que sabemos seleccionar y usar correctamente los EPI?
-J. Ll. Mi especialidad son los EPI de protección térmica y mecánica. No conozco a fondo todas las áreas representadas en Asepal. No obstante, como ya he dicho, las empresas asociadas se distinguen por su seriedad y fiabilidad, que son consecuencia de un trabajo concienzudo llevado a cabo en el campo de la certificación de productos.
En líneas generales, estamos haciendo una producción de EPI que yo definiría como óptima. Los aspectos que siempre son mejorables son la aceptación por parte del usuario, algo que se consigue con EPI bien diseñados. También se ha de avanzar mucho en mejorar la aptitud del usuario en dos aspectos fundamentales como son la selección del EPI adecuado y, sobre todo, su uso, hecho que implica utilizarlo y, además, hacerlo correctamente.
-El peor equipo de protección es el que no se utiliza, ¿no?
-J. Ll. Así es. Esa es una argumentación clave impulsada desde Asepal. En ocasiones, la protección no está condicionada por el precio, las características o las propiedades físicas del producto, sino por actitudes incompatibles con la prevención. Como usted apuntaba, el EPI que no se utiliza resulta inútil aunque sea un prodigio del diseño. Asepal ha trabajado mucho para sensibilizar a la población laboral en la necesidad de hacer un uso correcto de los equipos de protección.
-En la selección y empleo de los EPI el comercio tiene una misión importante. En ese sentido, Asepal ha llegado a llamar a los vendedores los “farmacéuticos de los EPI” por ser, en muchos casos, sus principales prescriptores. A pesar de todo, ¿está pr
-J. Ll. Yo creo que tenemos buenos profesionales en todo el país, pero repito una idea: estamos demasiado orientados -por una tradición que podríamos llamar histórica- al producto. Por eso, como usted dice, nos encontramos muchos casos en que se carece de formación suficiente para dar a nuestros clientes o al cliente final servicios y soluciones. En este sentido, el sector de la distribución sí que tendría que crecer, lo cual significa no tanto ofrecer producto como proponer soluciones a necesidades específicas. Ello pasa, sin duda, por la formación, que siempre ha fomentado Asepal, para crear la figura del proveedor-consejero o “farmacéutico de los EPI”, al que se aludía anteriormente.
-¿Piensa Asepal impulsar acciones promocionales como la desarrollada en 2002 y 2003 para presentar la segunda edición de la Guía de Selección de Equipos de Protección Individual”, auténtico vademécum para el uso informado y responsable de los EPI?
-J. Ll. De momento, Asepal ha reeditado la Guía que, siguiendo el símil que hemos estado empleado, sería el vademécum del “farmacéutico” o consejero de EPI. Yo creo que hemos de hacer más publicidad de la Guía en el ámbito de los gestores de compras de seguridad de las empresas. Se ha divulgado mucho, pero aún hemos de poner más énfasis en la Guía.
-Sabemos que se avecinan cambios normativos para el vestuario de protección. ¿Qué aspectos cambian y con qué objeto? ¿Cómo afectarán a sus asociados dichos cambios?
-J. Ll. Los cambios se deben a la lógica actualización de las normas, y siempre en el sentido de mejorar las prestaciones de los equipos y, con ello, mejorar los niveles de seguridad de los usuarios. La repercusión más inmediata para nuestros asociados será la certificación de sus productos (vestuario en este caso) de acuerdo a nuevos requisitos específicos. Ello comporta una obligación, pero también un beneficio: el incremento de la cadena de valor hace al fabricante de cualquier producto más competitivo, permitiéndole desarrollar su actividad en campos menos concurridos.
Dada la variedad de vestuario de protección laboral existente, son diversas las normas objeto de revisión, desde la de exigencias generales a las específicas según la prenda (EN 342 y 343 anti-frío; EN 381 riesgos mecánicos; EN 471 alta visibilidad; EN 465 contra productos químicos; EN 469 anti-fuego; EN 470 riesgos térmicos, etc).
Cuando se concreten los cambios a través de nuevas especificaciones, gustosamente se las comunicaremos, igual que haremos con nuestros asociados.
-¿Cómo está, a su juicio, la seguridad laboral en España? ¿Hemos mejorado en nuestra percepción y valoración del riesgo?
-J. Ll. Hemos mejorado mucho, y eso nos lleva a constatar lo mucho que nos queda aún por hacer. Hay sectores que tendrán que realizar un esfuerzo adicional, pero, en líneas generales, todos tenemos pendiente el cambio de cultura. La simiente se ha de sembrar en la escuela, por lo que el camino es largo y difícil hasta que nos tome el relevo esa generación que ha vivido la cultura de la prevención desde el parvulario.
Creo que también se ha afinado nuestra percepción del riesgo, que rechazamos. Así, podemos decir que se va extinguiendo la “cultura del macho”, algo positivo en sí mismo y que es uno de los “aceleradores” de los EPI.
-Para acabar, ¿desea hacer algún otro comentario?
-J. Ll. Sólo agradecer a la revista su deferencia y reiterar que me tienen aquí a su disposición ya sea en mi condición de presidente de Asepal, ya como Director General de Tejidos Estambril.
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