El equipo es un conjunto de personas (pocas) con capacidades complementarias, comprometidas con un propósito común, con un conjunto de objetivos en cuanto a resultados y con un enfoque, de todo lo cual se consideran conjuntamente responsables. Ni que decir tiene que este concepto de equipo es absolutamente aplicable a las intervenciones de los bomberos.
Bien es cierto que pese al dicho de que cada incendio es distinto a cualquier otro, los bomberos tienen coincidencias en cuanto a la posibilidad de poder aplicar un mismo procedimiento a distintas situaciones, pero ello es siempre debido a la depuración y análisis constante de las actuaciones tenidas, a fin de mejorar y de, en la medida de lo posible y razonable, poder anticiparse identificando de antemano los riesgos y los objetivos, para iniciar la vuelta a la normalidad y consecuentemente las acciones a realizar, los materiales y el número de bomberos a emplear en el futuro en acciones parecidas.
Es más, diariamente cada individuo al iniciar su jornada laboral tiene una buena idea de los cometidos que sobre el uso de distintos equipos y herramientas se espera le encomienden, conoce de antemano los vehículos que ese día tiene asignados y que por tanto servirán con su equipamiento para trasladarle al lugar de la emergencia.
| |
|
Sin embargo, no hay que ocultar que en ocasiones se producen siniestros en los que apenas existe experiencia o resulta imposible la aplicación de un procedimiento completo. Es ahí, cuando todos los componentes de los equipos participantes están sujetos a desempeñar cualquier tarea dentro del conjunto de la intervención, debiendo estar preparados para ello en todos los niveles operativos y de mando táctico. Desde luego, siempre lo anterior dentro del marco de la seguridad colectiva, es decir, aquella resultante de la implementación de medidas de carácter de organización general de la intervención tendentes a dar claridad al escenario en las zonas de actuación, así como por la correcta utilización de herramientas, máquinas y la práctica de normas de actuación seguras. Finalmente, el adecuado nivel de seguridad individual resulta vital en el uso de los EPI por parte del usuario para afrontar en conjunto las tareas que dentro del llamado “plan de acción” comenzarán a limitar la emergencia.
La organización y la determinación de este plan de acción así como su implementación depende en gran medida de las posibilidades de los equipos intervinientes y su capacidad de polivalencia, entendiendo esta capacidad como la garantía de que cualquier cometido encargado a ese equipo o dotación será favorablemente resuelto en el tiempo que se dispone para ello. Consecuentemente, el éxito de este plan también radica en el conocimiento, por parte de los mandos tácticos, de estas posibilidades del equipo.
Recursos materiales
Así pues, partiendo del número y cualidades de los recursos humanos y características de los equipos desplazados, se pueden implementar, genéricamente, planes de acción, defensivos u ofensivos según el incidente, que optimicen la capacidad de respuesta.
Actualmente, se cuenta con vehículos de distintas características que permiten la elección de diverso material para un mismo fin, favoreciéndose así la elección del más adecuado en cada ocasión.
Vehículos estándar con capacidad para 5/6 ocupantes y material suficiente para extinción (agua, espuma convencional y CAFS), achique, iluminación, primeros auxilios (oxigenoterapia, traumatismos severos, quemados), ventilación con presión positiva, herramientas de fuerza, equipos hidráulicos de excarcelación de víctimas, tronzadoras, moto-sierras, balizamiento, escalas, material de rescate vertical, equipos electrónicos (explosímetros, detectores, visores termo-gráficos), equipos de respiración autónoma, prendas de protección para otros riesgos distintos a los derivados del fuego, comunicaciones y mucho mas material que vinculado a procedimientos concretos determina el uso de esta unidad como auto-bomba en incendios de tipo industrial y urbano.
Por poner un ejemplo, franquear el acceso a un recinto cerrado pasa por el empleo del equipo adecuado y escogido para ello entre las distintas opciones que el equipamiento del vehículo dispone para tal fin, una simple cizalla, una tronzadora, un ariete, un pistón hidráulico, un separador electro-hidráulico, etc.
| |
|
Muchos servicios cuentan con vehículos, remolques o contenedores específicos, diseñados para su empleo ante situaciones de riesgo concretas o para atender un aspecto determinado de la emergencia: unidad de comunicaciones, unidad de reserva de aire, unidad de protección de riesgo químico, unidad de desescombro, etc.
Profesionalidad y entrenamiento
Visto así, la idea de la especialización se llena de contenido. No obstante no se debe abandonar el concepto de equipo y el objetivo de su evolución y desarrollo profesional, en el sentido de que cada binomio o componente del mismo madure profesionalmente al extremo de alcanzarse la mayor polivalencia y la obtención de un mayor rendimiento del equipo en todos los casos. Digamos que la idea sería que todos puedan hacer de todo y bien.
Se necesita profesionalidad y entrenamiento, e insisto en el entrenamiento como perfeccionamiento de las tareas que con mayor o no cotidianidad los binomios van a tener que realizar en las emergencias con eficacia. En esas intervenciones de carácter cognitivo en la toma de decisiones, los binomios y dotaciones pueden recibir la asignación de tareas no cotidianas a las que no están demasiado acostumbrados en actuaciones reales y no por ello ser menos urgentes, sino todo lo contrario.
La garantía de eficacia en estos casos no pasa por otra solución que el entrenamiento sistemático y repetitivo. Lo mismo se puede recibir la orden del montaje de una estación de descontaminación que el abatimiento de una nube tóxica, tareas ambas que con bastante probabilidad no se habrán realizado antes en situación real. En estos casos se precisan equipos de protección diferentes a los habituales y lógicamente, se depende del entrenamiento concreto del conjunto del equipo y del individuo para el éxito.
Resulta de elevada importancia que el equipo que recibe la instrucción, orden o delegación de cometidos y objetivos, sea capaz de conseguir que sus acciones se integren correctamente en el conjunto del plan de acción y en definitiva se coordinen con las acciones del resto de equipos participantes.
| |
|
Igualmente, y en hilo de estas palabras, la capacidad de independencia o posibilidad para el desempeño de esas tareas debe llevar añadida la capacidad de resolver los problemas que durante el trabajo puedan darse en relación a posibles fallos mecánicos o humanos sin afectar a las capacidades del resto de equipos y en definitiva al plan de acción.
El manejo del material con rapidez, soltura y seguridad de forma coordinada es clave para la obtención de un buen nivel operativo que, sumado a una correcta capacidad de organización de la emergencia, favorece la obtención de objetivos del plan de acción. La posibilidad de disponer de distintas opciones y equipos para una tarea concreta dentro de la emergencia determina el nivel profesionalidad y mejora las opciones del equipo.
El entrenamiento es garantía de eficacia.
Especialistas, desde luego que sí, pero antes multidisciplinares.
|