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Gestión del sudor en los uniformes de policía

Por gestión del sudor entendemos la capacidad de un tejido para transferir transpiración y vapor de agua desde la piel hasta la atmósfera.
El estrés por calor va asociado normalmente a la actividad física y está provocado por el calor que genera nuestra masa muscular durante el proceso de combustión de nutrientes. La vestimenta es un elemento clave, pudiendo mejorar o empeorar la termo-regulación corporal. Entre los generadores de calor externo, debemos destacar condiciones ambientales como la temperatura alta o la humedad, motivos relacionados con la identidad profesional, como el uniforme o las protecciones y, por último, la exposición a fuentes de calor externas como estar expuesto al sol o tener que actuar cerca de un incendio.

Cuando una persona hace una actividad física, el corazón aumenta su ritmo para llevar más oxígeno a los músculos y alimentar así la combustión de nutrientes. Como resultado de dicha combustión, se produce calor en el interior del cuerpo. Cuando la temperatura sobrepasa los 37º C, el cuerpo genera una respuesta. La primera reacción es una vasodilatación de la red periférica de capilares sanguíneos bajo la piel: la sangre, que viene caliente del centro del cuerpo, cede calor a la piel, que está más fría que el resto del cuerpo al estar en contacto con el aire exterior. De esta forma, perdemos calor, pero la vasodilatación obliga al corazón a hacer un mayor esfuerzo suplementario y bombear más rápido para mantener la presión en el sistema sanguíneo.
La segunda reacción del ejercicio es la producción de sudor. Cuando la transpiración se evapora desde la piel, consume energía en forma de calor, enfriando la piel y haciendo que el proceso de enfriamiento de la sangre que hemos mencionado antes sea más eficiente aún.
Gracias a la vasodilatación y a la transpiración, la sangre que pasa cerca de la piel, es devuelta al interior del cuerpo más fría que cuando llegó, enfriando el cuerpo en el proceso. Este mecanismo de enfriamiento es también conocido como enfriamiento evaporativo. No se puede menospreciar la capacidad de enfriamiento de la evaporación. Una persona que realiza un ejercicio físico intenso en un clima cálido, puede transpirar 1,5 litros por hora. El valor energético de enfriamiento correspondiente a esa transpiración es de nada menos que de 1.000 vatios.
Si los procesos descritos (vasodilatación y transpiración) no funcionan la temperatura corporal subiría bruscamente, ocasionando una muerte segura si no se actúa a tiempo. Nuestra condición de seres homeotermos (temperatura estable) nos obliga a controlar la temperatura corporal. Se ha comprobado empíricamente que, según aumenta la temperatura basal, los individuos tienden a cometer más errores de juicio. Con una temperatura corporal de 37,5º C, el número de errores apenas llega al 4%, sin embargo, a los 38,5º C, el porcentaje de decisiones erróneas ya es cercano al 14%. El número de errores se incrementa exponencialmente hasta llegar a un 45% de decisiones erróneas cuando la temperatura corporal llega a los 39º C.

Coolmax® para mantener la sangre fría
Ya hemos visto que el tópico de que las personas deben tener “la sangre fría” para que sus funciones se encuentren dentro de la normalidad tiene un fundamento científico incontrovertible. Al respecto, los tejidos Coolmax® representan una solución.
En el caso de los cuerpos de seguridad, Coolmax mejora el confort de los agentes, manteniéndolos frescos para tomar las mejores decisiones en cada caso. La capacidad hidrófila del tejido Coolmax® evacua el sudor de la piel tan pronto como se produce. Esta capacidad se debe a unos canales presentes en la superficie de las fibras (cuatro canales en el caso de fibra cortada, o seis canales en el caso de filamento continuo). El entramado de canales constituye un sistema de drenaje o transporte que permite expandir la humedad en el tejido de una forma más eficiente y facilitar su evaporación.
Es precisamente la capacidad de ‘gestionar’ la humedad la que permite a los tejidos Coolmax evaporar la transpiración de una forma más rápida de lo que lo harían otros tejidos, o el propio cuerpo. Con la evaporación, se enfría la red de capilares y la sangre periférica, haciendo descender la temperatura basal.

Prestaciones duraderas
La funcionalidad de los tejidos Coolmax® no se debe a ningún acabado hidrófilo (absorción de agua), que acaba desapareciendo con los lavados. La eficiencia es inherente a la arquitectura de las fibras, con lo que la eficacia es permanente (no se degrada con el uso).
En estos sistemas, la primera capa, cerca de la piel debe gestionar de forma rápida la transpiración, convirtiéndola en vapor y expulsando hacia la siguiente capa (el exterior) cualquier exceso de transpiración que suponga una saturación. No tiene demasiado sentido hacer fuertes inversiones en prendas funcionales para la segunda o la tercera capa si la primera capa no es capaz de gestionar la transpiración. Esto es particularmente cierto en verano, cuando la primera capa es la única. Por ello se recomienda el uso de prendas con tejidos certificados que garanticen la máxima funcionalidad y un eficiente enfriamiento evaporativo.
Un problema específico de los cuerpos de seguridad es el uso de chalecos antibalas. Estos dispositivos protegen al usuario contra balas o en sus versiones tácticas, contra prácticamente cualquier asalto incluyendo golpes y armas blancas. Sin embargo, el hecho de que la protección se deba llevar bien ajustada sobre el cuerpo, provoca que el chaleco se convierta en un elemento que desbarata la funcionalidad de las prendas, aumentando de una forma importante la carga calórica del usuario.
Normalmente, la falta de permeabilidad al aire de la protección, así como su ceñido ajuste sobre el cuerpo, provocan que la transpiración evaporada no encuentre salida y aumente la saturación entre el chaleco y el cuerpo, con lo que el vapor vuelve a condensarse, empapando los tejidos de las sucesivas capas y reduciendo su funcionalidad.
La solución pasa por abrir vías a la evacuación del sudor a base de sustituir el forro interior del chaleco antibalas con un forro interior fabricado con un tejido de punto de urdimbre, indesmallable, de doble cara, separada por un monofilamento de los conocidos como “3-D” o “Spacer”.
Los tejidos Coolmax también aportan otras ventajas, como inhibir la proliferación bacteriana, causante del mal olor, mediante la incorporación de iones de plata en los filamentos.


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